Educación a distancia como acto de solidaridad

Después de 104 días de cuarentena en São Paulo, enfrentando tiempos difíciles, nos deparamos pensando sobre: lo que implica una buena conexión para mantener la rutina de quedarse en casa para trabajar o estudiar; el acceso a Internet como un derecho humano básico, y en los más vulnerables con dificultades para cuidarse del nuevo coronavirus, del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2).

Indudablemente, mantener el servicio de internet, wifi, disponer de dispositivos celulares, TV o computadoras en red para hacer las ‘Lives’, o sea, las conversaciones en vivo con la familia, amigos, colegas, o con grupos de trabajo, implica un cierto capital para pagar por el servicio de internet y por los dispositivos adecuados para el acceso a google meet, zoom, jit.si (uso gratuito), entre otros. Cada vez más, nos vemos entrando en plataformas virtuales y redes sociales durante la cuarentena porque dan soporte a la vida social, como un modo de extrapolar el espacio doméstico que restringe nuestros movimientos.

En tiempo de pandemia vivenciamos la mayor migración humana ya conocida por nosotros, la migración para el ciberespacio.Y ese tema que ya fue pauta de anteriores reflexiones nos interpela especialmente en el ámbito de la educación con uso de las tecnologías.

En Brasil, un país continental, con 210.147.125 millones de habitantes, se estima, según la encuesta TIC Domicilios 2019, del Comité Gestor de la Internet (CGI.br), que los usuarios de internet llegaron a 134 millones, o sea, 74% de la populación con mas de 10 anos de edad tenía acceso a la red, también 71% de los domicilios tenían acceso a internet. Ese porcentaje ampliado, considerando las personas que no se reconocen como internautas porque sólo envían mensajes, sube para 79%. Las poblaciones de áreas urbanas como rurales son alcanzadas, si bien las poblaciones pobres, rurales y del nordeste, por ejemplo, siguen distantes de las clases A e B, que representan 95%, y que disponen de buena conexión para el acceso a recursos digitalizados, ya sean archivos pdf, videos, filmes o música.

El celular es el principal dispositivo para acceder a internet (99%), especialmente, por parte de las clases pobres, negros y pardos. Y, también, se percibe mayor uso de TV y disminución del uso de la computadora personal. Aunque, la encuesta del Comité Gestor de Internet de Brasil es anterior a la pandemia ya se percibía el aumento de compras, de consultas y búsqueda de informaciones en internet.

Según la encuesta Tic Educación 2019 del CGI.br, solo el 28 % de las escuelas de áreas urbanas contaban con un ambiente o plataforma de aprendizaje para la educación a distancia (14% de escuelas públicas y 64% de escuelas particulares urbanas).[1] Del conjunto de estos datos se destaca que 39% de los alumnos de escuelas públicas no poseen cualquier tipo de dispositivos para conectarse y realizar las actividades escolares.

A las personas más vulnerables, el estado intenta facilitar el acceso libre a internet o la subvención de paquetes de datos móviles, durante la pandemia, lo que no es suficiente para una buena continuidad del aprendizaje. Y aquí llámanos la atención para las condiciones adecuadas para el acceso a Internet como un derecho humano básico universal. Por Resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “promover el acceso universal a Internet” es considerado uno de los derechos humanos fundamentales. La resolución de la ONU implica la protección de las personas en ese espacio virtual. (2016)[2] . Y, a esto se suma el apelo a los estados por parte de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, para no dificultar el acceso a internet, até 2020, pues contribuye para eso.

Con la migración ciberespacial, las personas en situación de refugio han sido especialmente afectadas. Quien consiguió mantenerse o hacer uso de algún paquete –personal o subvencionado – de datos móviles participa de transmisiones al vivo y acompaña la educación básica y universitaria de manera remota.

Según el Informe Tendencias globales de desplazamiento forzado en 2019 (ACNUR), 1% de la población mundial tuvo que huir de su lugar de residencia por diferentes conflictos, persecución, grave y generalizada violación de los derechos humanos. Hasta a finales de 2019 había 79.5 millones de personas desplazadas a la fuerza en el mundo, de los cuales 29,6 millones son refugiadas y personas desplazadas de su país, como los apátridas a los que se les niega el derecho básico de una nacionalidad, una identidad, documentación, asistencia sanitaria, o movilidad, entre otras cuestiones.

También hay 45,7 millones personas buscado refugio en su propio país. Más de la mitad del total de las personas desplazadas son menores de 18 años. Y, casi 4.2 millones personas adicionales estaban esperando el resultado de los casos de pedido de asilo.[3]

En ese contexto, hay que considerar que, a finales de 2019, 4,5 millones de personas salieron de Venezuela, el mayor éxodo de la región en la historia reciente y una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo. La mayoría de los venezolanos buscó refugio en América Latina o en el Caribe. Se estima, según informes del Comité Nacional para los Refugiados – CONARE- vinculado al Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, que en la actualidad viven en Brasil aproximadamente 43 mil refugiados de los cuales 88% son venezolanos.

En ese panorama de desplazamientos y declive de derechos, reafirmamos que la educación es fundamental para la ciudadanía y la transformación social. Pero, en realidad, se observa que solamente el 63% de los niños refugiados en el mundo están matriculados en la educación básica y 24% de los adolescentes en la enseñanza media. Y, según el Informe de ACNUR, se reconoce que 36% de la población mundial tiene educación superior, y entre los refugiados, solamente el 3%. Los datos sobre los que efectivamente permanecen, egresan y actúan en sus áreas de formación, todavía no los tenemos.

En el caso específico de los refugiados venezolanos, 77% no asisten a las clases de educación básica; 75% viven en ocupaciones espontaneas; 66% se sienten discriminados por su condición de refugiados; 33% no vive con ninguno de sus progenitores y 25% tiene poca comida en casa. Según estos datos, publicados el 20 de junio de 2020, día del refugiado, por la organización no gubernamental Visión Mundial, hay poco para celebrar y mucho por lo que seguir trabajando.

Es evidente, que la mayoría de las personas en situación de refugio y otros vulnerables siguen expuestos como cuerpos desnudos, como “vida sacra”, al decir del filosofo italiano Giorgio Agamben (2015), aquellos cuerpos con una vida que “cesa de ser políticamente relevante”, y como tal pueden ser impunemente eliminados.

El carácter político de esa presencia, velada o no, está en disputa. Y eso se ve en las medidas excepcionales que se están tomando para tornar normal el proceso educativo y migratorio de emergencia, especialmente si pensamos esta problemática desde la educación que trabaja por la emancipación de las personas.

Así, la vida social y la educación interrumpidas favorecen el declive de los derechos básicos conseguidos y el empobrecimiento de las personas.
De todas maneras reforzamos la necesidad de seguir cuidando de 1.500 billones de niños, jóvenes y adultos que para usufructuar del ciberespacio, necesitan del acceso a la conexión, a plataformas digitales, a materiales digitalizados para el aprendizaje remoto o la educación a distancia de emergencia, como se ha dado en llamar a lo que se esta realizando.

La Unesco, responsable por cuidar de la educación, lanzó una alianza global, en marzo de 2020, para enfrentar la interrupción educativa, con sus socios públicos y privados, en búsqueda de soluciones innovadoras de educación a distancia. Para eso, la Unesco propone el uso de una amplia gama de alta tecnología, de baja tecnología o sin tecnología, lo que puede contribuir bastante, si no se amarra a intereses corporativistas.

Otros organismos internacionales, como Acnur, continúan articulando actividades con las universidades referenciadas y publicando material académico o de orientación, y subvencionando una institución para facilitar la revalidación de diplomas, que desde 2016 ya revalidó 57 diplomas.

La educación como derecho internacional de las personas continúa en disputa. Es momento de aprovechar los más diversos dispositivos digitales para el acceso abierto y para asegurar la permanencia de los estudiantes. La inclusión de la diversidad y de la pluralidad, así como los recursos de aprendizaje digitales, abren nuevas territorialidades educativas virtuales, también con las experiencias de los migrantes y refugiados que movilizan perspectivas otras de aprendizaje.

La modalidad de educación híbrida para el aprendizaje pasará de ser un rótulo de emergencia para ser repensada a partir de prácticas concretas. Lo que es innegable es la relevancia de continuar  educando a través de la investigación, con el uso metodologías y de recursos digitales, tanto en la educación básica como en la educación superior.

Son temas complejos, delicados, y perspectivas nuevas van surgiendo, pero, es imprescindible la atención para estas problemáticas, reflejadas en la situación de las personas, en los datos de cetic.br, en el apelo de la ONU sobre el derecho universal de acceso a internet, en los números de ACNUR, y en la acción de escuelas y universidades, pues son cuestiones políticas y no personales. Estas, junto con otras acciones educativas realizadas durante la pandemia, con seguridad, podrán ser sistematizadas teniendo en vista  proponer una educación en red abierta más solidaria.

Margarita V Gomez , 7 jul 2020.

[1] Pesquisa TIC 2019. CGI.br – Cetic.br- NIC.br. https://cetic.br/pesquisa/domicilios//https://www.cetic.br/media/analises/tic_educacao_2019_coletiva_imprensa.
[2] https://computerhoy.com/noticias/internet/onu-declara-acceso-internet-como-derecho-humano-47674 (4 jul 2020)
[3] https://www.unhcr.org/news/latest/2020/6/5eea140f4/global-forced-displacement-vastly-widespread-2019.html (4 jul 2020)
Agamben, Giorgio. 2015. Estado de exceção: [Homo Sacer, II, I]. Coleção Estado de Sítio. São Paulo: Boitempo.

=El texto completo fue presentado a través de audio en el Programa MigraEducas de la WebRadio Migrantes/SP.

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